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Fundamentos

Primero, no dañar

La primera regla del trabajo corporal no está escrita en ningún libro.

No la enseñan en ninguna escuela.

Pero es la que lo cambia todo:

No dañar.

Cuando empecé mi formación de Rolfing, uno de los requisitos era recibir las diez sesiones de un practicante antes de entrar en la escuela.

Dos amigas mías del sudeste asiático fueron a hacerlas a Singapur.

El practicante usaba el codo como herramienta principal.

A full force.

En la cabeza.

En el pubis.

La experiencia fue traumática. Invasiva. Les generó lesiones.

No es que el Rolfing sea así.

Es que ese practicante trabajaba así.

Una compañera Rolfer habló con Jan Sultan, formado directamente por Ida Rolf. Él explicaba que en Estados Unidos hubo durante años confusión sobre si ciertos tipos de contacto podían interpretarse como harassment.

Para evitar malentendidos, muchos profesionales empezaron a trabajar con mucha presión.

Y así nació parte de la fama del "Rolfing doloroso".

En Europa la historia fue distinta.

Aquí se integró antes la sutileza.

La osteopatía francesa de Jean-Pierre Barral y Alain Croibier.

El Somatic Experiencing de Peter Levine.

El trabajo con el sistema nervioso.

El resultado fue un Rolfing más preciso, más sutil y más respetuoso con el sistema.

Yo me formé en la Escuela Europea de Rolfing en Múnich. Completé todos los cursos del Group of Munich: listening techniques, manipulación visceral, nervios periféricos, tórax. Con Barral, Croibier, Didier Prat y Peter Schwind.

En mi trabajo, la intención nunca es generar dolor.

Es organizar.
Liberar.
Devolver coherencia al cuerpo.

Puede haber intensidad. Puede haber sensaciones fuertes.

Pero intensidad no es invasión.

La diferencia es sencilla.

Cuando fuerzas, el cuerpo se defiende.
Se contrae.
Se cierra.
Consigues lo contrario de lo que buscas.

Cuando escuchas, el cuerpo abre.

Un contacto preciso, con la intención correcta, en el lugar exacto, genera más cambio que diez minutos de presión bruta.

El cuerpo no necesita que lo aplastes.

Necesita que lo escuches.

A veces venían personas de Estados Unidos a mi consulta pidiendo un masaje durísimo.

Algo que yo no practico.

Si buscas ese estilo, mi enfoque no es el adecuado para ti.

La precisión siempre gana a la fuerza.

Y la primera regla — la que no está escrita en ningún sitio pero sostiene todo lo demás — es muy simple:

No dañar.

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