¿El Rolfing duele? La verdad sobre el trabajo corporal profundo
Si alguien te ha hablado de Rolfing, probablemente te ha dicho que duele. Es la fama que tiene. Y esa fama tiene una historia.
De dónde viene la fama del dolor
Jan Sultan, uno de los Rolfers más veteranos del mundo, lo explica así: en Estados Unidos, los primeros practicantes trabajaban con codos y presión extrema. El Rolfing se asoció a una experiencia intensa, a veces agresiva. Esa imagen se quedó grabada.
Pero en Europa la historia fue distinta. El Rolfing europeo integró muy pronto la influencia de la osteopatía francesa: Jean Pierre Barral, Alain Croibier, el trabajo visceral y neural. También incorporó Somatic Experiencing de Peter Levine, que aportó la comprensión del sistema nervioso y del trauma. El resultado fue un Rolfing mucho más preciso, más sutil, más respetuoso con el sistema.
Mi formación
Me formé en la Escuela Europea de Rolfing en Munich. Después hice todos los cursos del Group of Munich: listening techniques, manipulación visceral, nervios periféricos, tórax, trabajo urogenital. Con Barral, Croibier, Didier Prat y Peter Schwind aprendí a trabajar con una precisión que no tiene nada que ver con la fuerza.
En mi trabajo, la intención nunca es generar dolor. Es organizar, liberar, devolver coherencia al cuerpo. Puede haber intensidad. Puede haber sensaciones fuertes. Pero intensidad no es invasión.
Intensidad no es invasión
Hay una diferencia fundamental entre un trabajo que es intenso porque está llegando a algo profundo y un trabajo que es doloroso porque está forzando. Lo primero es terapéutico. Lo segundo es contraproducente. Cuando fuerzas, el cuerpo se defiende. Contrae. Se cierra. Consigues lo contrario de lo que buscas.
La precisión siempre gana a la fuerza. Un contacto preciso, con la intención correcta, en el lugar exacto, genera más cambio que diez minutos de presión bruta. El cuerpo no necesita que lo aplastes. Necesita que lo escuches.
Si te hicieron Rolfing y fue demasiado
Si alguien te hizo Rolfing y la experiencia fue excesiva, invasiva o dolorosa de forma desproporcionada, no fue el Rolfing. Fue el practicante. La herramienta no tiene la culpa de quien la usa mal.
El Rolfing bien hecho no tiene por qué doler. Puede ser intenso. Nunca invasivo. Y la diferencia la marca quien lo aplica.
Si tienes curiosidad por el Rolfing pero te frena lo que has oído, escríbeme. Te explico cómo trabajo.
Escríbeme →