Siete años de dolor
Todo esto empezó por dolor.
No por espiritualidad.
No por desarrollo personal.
No por curiosidad terapéutica.
Dolor real.
A los 17 años me lesioné haciendo taekwondo. Lo que parecía una lesión más terminó convirtiéndose en siete años con un dolor constante. Como un cuchillo clavado en la pierna.
No podía levantar una bolsa de la compra.
Dormía mal.
Vivía agotado.
Mi cuerpo no respondía.
Pasé por muchísimos profesionales.
Fisioterapeutas.
Traumatólogos.
Tratamientos.
Pruebas.
Nada cambiaba realmente.
Hasta que un médico me dijo algo que todavía recuerdo perfectamente:
"No puedo ayudarte. No vuelvas."
Así.
Sin alternativa.
Sin dirección.
Sin esperanza.
Mi madre llevaba más de un año insistiendo en que fuera a ver a Jonathan Castellà. Yo nunca iba.
Hasta que un lunes por la mañana, después de seis semanas de Construmat trabajando sin un solo fin de semana libre, me encontré con un día de fiesta y nadie con quien estar. Fui a casa de mis padres pero estaban trabajando. Mi madre, desde el trabajo, me dijo:
"Llama al Josep."
Llamé esperando que no tuviera hora.
Me dio cita para dos horas después.
Jonathan me recibió. Greñas. Heavy metal. Me hizo un masaje y me dijo:
"El músculo está bien. No tienes nada."
Pensé: sí claro, después de todos estos años aquí viene el listo.
Y entonces añadió:
"Pero ahora vendrá mi padre a hacerte las correcciones."
Entró Josep.
Aire zen. Súper pausado. Tranquilo. Me miró. Hizo dos tests de flexión. Y me dijo que tenía la cadera y el sacro movidos y que me los iba a colocar.
Yo había tenido una mala experiencia con quiropráxia. Le tenía miedo a las correcciones. Así que lo primero que le dije, con mi mente analítica:
"Pros y contras de manipular."
Josep sonrió.
"Contras ninguno. Pros: que se te va a ir el dolor y te vas a sentir bien."
Su contestación me atravesó.
Podía ver toda la certeza en sus palabras.
Me hizo las correcciones.
Cuando acabó, estaba llorando.
No de tristeza. No de emoción exactamente. Lágrimas de alivio. No entendía bien qué estaba pasando. Había ligereza. Me sentía raro. Como en una nube. Algo había cambiado pero no sabía bien qué era.
Hablé con Josep después de la sesión. Me fui a casa de mi madre. Salimos a comprar.
Subí corriendo de forma instintiva siete pisos sin dolor.
Fuimos a comprar para toda la semana. Y de repente me sentía como el Hulk. Podía llevar dos garrafas de ocho litros y toda la compra yo solo.
Durante siete años no podía levantar una bolsa sin dolor constante.
Le dije a Josep que iba a hacer todos los cursos que me dijera. Que iba a ir a aprender allí con él.
Josep se rió.
Durante cuatro años estuve yendo como aprendiz. Me compartieron su conocimiento. Josep, Carme, Jonathan. Se convirtieron en familia.
Ese día cambió completamente la dirección de mi vida.
Porque dejé de preguntarme:
"¿Cómo sobrevivo a esto?"
Y empecé a preguntarme:
"¿Qué acaba de pasar aquí?"
Toda mi búsqueda empezó ahí.
En siete años de dolor.
Y en una sesión que me hizo entender que el cuerpo humano funciona de una forma completamente distinta a como nos enseñan.
Gracias siempre.
Si algo de lo que has leído te resuena, escríbeme.
Escríbeme →